I. Volvía siempre a Madrid porque me dijeron que acá soy feliz.
Sin embargo, regresaba de cualquier viaje y me encontraba completamente perdido. Las calles, los parques, mi barrio, mis padres, todo se me presentaba como algo monstruosamente ajeno.
Llegaba a atorarme ante las muchedumbres, me perdía en el metro, debía mirar una y otra vez a mi habitación para que el posesivo adquiriera algún significado.
Mis amigos, mis amigas, mi familia, todos parecían carnalizados como por ensalmo y reclamaban su espacio en lo real frente a lo que yo quise recordar de ellos.
Era como estar soñando durante meses con aquel lugar en el que me dijeron que soy feliz, y despertar bruscamente, súbitamente m´hijo, súbitamente, al pisar de nuevo sus aceras.
- … no sé… algo como estar desorientado, como caminar por un delgado alambre que se tambalea entre lo que fue y lo que es… – trataba de explicarle a un botón de mi chaqueta.
Él, en silencio, parecía asentir. El pobre había nacido en Taiwan.
II. He vuelto a Madrid hace ya más de treinta días.
Pienso en ello sentado cara a cara frente a mi ordenador.
A mi espalda suena una canción tras otra, una canción tras otra, una tras otra, tras otra.
Alguien habla, susurra apenas, grita por momentos, del desenlace de un cuento de terror.
Observo:
El blanco de la pantalla me obliga a bajar la vista.
Veintisiete signos me muestran millones de potencialidades.
Me quedo embrujado mirándolos.
Recuerdo:
Embrujado regresé tras deambular por países, ciudades, y pueblos de la vieja Europa.
Embrujado regresé tras vagabundear por las sendas del Camino de Santiago.
Embrujado regresé tras vivir una eterna primavera centroamericana.
Escribo:
Desde que llegué ni las calles, ni los parques, ni mi barrio, ni mis padres, ni las muchedumbres, ni el metro, ni mi habitación, ni mis amigos, ni mis amigas, ni mi familia se me han presentado como entonces: Como bajados de la luna.
Formulo:
Tesis. Han sido más como unas vacaciones; Guatemala cambió mi vida.
Contrargumento:
Antítesis. Pero he sido feliz allá, he conocido a seres maravillosos, he sentido la generosidad, he tocado la alegría, he visto lugares increíbles, he reído, he aprendido, he buceado, he gozado, he perdido, he luchado.
Concluyo:
Síntesis.
En esta habitación
las horas del amor
aún hacen sombra.
Pero yo no lloro,
¿lloras tú?
III. Mañana volveré a despertar y todo lo que navegará en mi interior será de aquellos días.
Y todos mis recuerdos serán de aquellas noches.
Y todas mis risas serán de aquellas gentes.
Y todas mis lágrimas serán de aquellas perdidas.
Mañana volveré a despertar y recordaré que un ilustre viajero dijo una vez que nada se ve como con los primeros ojos.
Y ese recuerdo deberá de tranquilizarme, pero, realmente, no hará más que devolverme a un pequeño crisol de palabras que alguna vez escuchara sentando frente a una iglesia de Córdoba.
Y, un día, alguien me dirá: ...o tienes el corazón tan grande que te caben muchas Argentinas más y yo soy muy chiquita; y entonces será cuando descubra que en realidad todo es tan sencillo como que ahora San Juan soy yo.
30. noviembre 2002 @ 00:00 ·
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