Hace 225 años podíamos encontrar ya el embrión de lo que, años después, se conocerá como Derechos Humanos, así se decía: “Que todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes y que tienen ciertos derechos innatos de los que, cuando entran en estado de sociedad, no pueden privar o desposeer a su posterioridad por ningún pacto, a saber: el goce de la vida y de la libertad, con los medios de adquirir y poseer la propiedad y de buscar y obtener la felicidad y la seguridad.” (Artículo 1 de la Declaración del Buen Pueblo de Virginia de 12 de junio de 1776).
225 años después ni el goce de la vida y de la libertad, ni los medios para adquirir y poseer la propiedad, ni el derecho de buscar y obtener la felicidad y la seguridad significan nada, es decir, los Derechos Humanos, no significan nada (o a lo más, son algo que se puede pisotear, vulnerar y despreciar sin ninguna consecuencia real).
Creo que con esto no estoy descubriendo nada nuevo, pero quizás pueda servirnos de base para plantearnos la pregunta esencial: bien, los Derechos Humanos no significan nada, de acuerdo... pero, ¿por qué es tan importante que signifiquen algo? Es decir, ¿Por qué son importantes los Derechos Humanos? Por qué son importantes no desde un punto de vista teórico; no es el momento de hablar de los Derechos Humanos como declaración detallada de lo que implica la dignidad humana (Savater), ni como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse (Declaración Universal de Derechos del Hombre de 1948); ni como el único programa razonable de cualquier partido político (Saramago). Ni tampoco vamos a detenernos en la idea de justicia como el respeto, espontáneamente experimentado y recíprocamente garantizado, de la dignidad humana, en cualquier persona y en cualquier circunstancia en que se encuentre comprometida, y a cualquier riesgo que nos exponga su defensa (Proudhon). Todo esto está muy bien (y ya habrá tiempo para tratarlo), pero la pregunta primera, la fundamental, es: ¿Por qué son importantes los Derechos Humanos para mí, para un españolito que vive cómodamente en un asiento preferente del tren del capitalismo occidental?
Para responder a esto basta cerrar los ojos, ahora que nadie te ve, cerrar los ojos y pensar cómo se siente un joven al que varios guardias llevan a un gran patio a latigazos con las manos esposadas y grilletes en los pies, atan a un poste y con un látigo de metro y medio de largo acabado en una pesada pieza de plomo, le dan setenta latigazos: en la espalda, en los muslos, en los píes, en cumplimiento de una sentencia judicial (Arabia Saudí). Lo cierto es que, realmente, no basta con pensar lo que siente él, trasládate TÚ, aun sólo por un momento, trasládate allí con tus sueños, con tus esperanzas, con los recuerdos de tus seres queridos, de tu novia/o, de tus hijos...; trasládate con todo lo que has sido, eres y anhelas ser, con toda tu vida, e imagina qué pasa por tu cabeza en el momento en que la policía te detiene y te obliga a permanecer dos días sin sentarte ni tumbarte para dormir ni ir al retrete, cuando te obligan a desnudarme y durante el interrogatorio te golpean en la cabeza, en los genitales, en el pecho y te amenazan continuamente con matarte y con violar a tu madre si no confiesas un delito que no has cometido (Turquía).Imagina qué sientes cuando al rechazar a un pretendiente éste te arroja ácido a la cara, desfigurándote y dejándote ciego para el resto de tu vida (Bangladesh); qué piensas durante 17 años, en una cárcel, viviendo en condiciones infrahumanas, encarcelado sólo por no ser miembro de la etnia mayoritaria de tu país (Irak); qué pasa por tu mente durante los minutos en que cuatro hombres irrumpen en tu oficina te atan, te amordazan, te vendan los ojos y comienzan a cortarte la muñeca con una sierra, por haber tomado unas fotos que implicaban a miembros del gobierno en asuntos de corrupción (Perú). Cómo queda tu vida después de ir al extranjero en busca de un trabajo, llegar allí y ser encerrado, violado, subastado y recluido en un sótano y obligado a prostituirte (Israel). Qué sienten tu padres, tu esposa/o, tu novia/o, tus hijos..., cuando un día “desapareces” tras una actuación de la policía/ejercito y jamás te vuelven a ver (Colombia, Guatemala, Chile, Argentina, Marruecos, Argelia...). Cómo reaccionar cuando después de un juicio en el que mi abogado se refiere a mí como “marica”, que en la preparación de mi defensa no entrevista, a pesar de mis reclamaciones, ni a un testigo y se queda dormido durante las vistas del proceso, me veo encerrado en la cárcel (Estados Unidos de Norte América). Cómo sentirme después de huir de mi país para salvar la vida y al llegar a otro estado ser encarcelado, como un delincuente, al solicitar protección (asilo político) (Gran Bretaña). Dónde quedan mis sueños, mis deseos, mi dignidad, cuando estando en prisión un día me llevan a un campo de fútbol, me hacen desnudar y me obligan a revolcarme en la porquería de una alcantarilla, mientras los funcionarios me golpean, cuando después me obligan a beber el agua de la alcantarilla y durante un mes y medio me torturan en días alternos; cuando el alcaide algunos días no me deja comer y al recibir comida de mis familiares me la entregan mezclada con excrementos (Brasil). Qué puedo esperar del resto de mi vida si con 14 años me secuestran, me torturan, me hacen cortes en las piernas con una cuchilla y me frotan las heridas con cocaína despertando en mí un sentimiento de desprecio hacia los demás y ansías de torturarlos y matarlos, cosa que hago (Sierra Leona). Qué pasa por mi cabeza durante las horas en que me obligan a permanecer largos periodos de puntillas con un pincho bajo el talón, cuando pasan rodando, una y otra vez un hierro por la parte inferior de mis piernas hasta que mi piel se levanta, cuando después me suspenden del techo y me hacen girar mientras me golpean y cuando finalmente me sujetan una manguera a cada orificio nasal y abren dos grifos a la vez y a plena potencia durante intervalos de dos minutos y me aplastan los dedos con unos alicates (Myanmar). Qué siento cuando con 15 años acaban de disparar en la cabeza a mi padre por permitirme ir a la escuela (Afganistán). Cómo queda mi vida a partir del día en que la policía me detiene, me asfixia parcialmente repetidas veces con una bolsa de plástico, sufro abusos sexuales, patadas, puñetazos y amenazan con matarme y usar descargas eléctricas (España) o cuando me detienen y violan, y detienen a mi madre y la violan ante mí y la asesinan para hacerme confesar; o, simplemente, qué pasa por mi cabeza los segundos antes de ser ejecutado, asesinado, o ejecutado extrajudicialmente...
Pero ADEMÁS de sentir esto, hace falta que sientas la impotencia, la frustración, el desamparo, la desesperación al ver como denuncias a tus torturadores, a tus violadores..., ante los Tribunales y nadie te hace caso; al saber que sólo puedes reclamar ante las mismas autoridades que te han violado, torturado, que han ordenado el asesinato de sus seres queridos; al tener que convivir todos los días con las personas que han pisoteado tu dignidad y tu vida y que se jactan de ello, sabiendo todos, sin olvidar ninguno que pueden violar tus Derechos Humanos cuando les venga en gana.
Si eres capaz, si somos capaces, de acercarnos a sentir todo esto, la pregunta que nos hacíamos al comienzo dejará de tener sentido; no sólo carecerá de sentido sino que sólo planteárnosla nos hará llenarnos de ira (“!¿Cómo que por qué son importantes los Derechos Humanos?!” Los Derechos Humanos son lo más importante).
Pero no es con ira como debemos enfrentarnos a la lucha por los Derechos Humanos, sino con lágrimas en los ojos ante la visión de tanto horror, de tanto sufrimiento, de la desidia de la inmensa mayoría del mundo. Esto es lo que nos debe hacer luchar, pero no por aquellos que en países lejanos sufren, mueren, lloran en silencio, debemos luchar por nuestra sociedad porque la sociedad de los Derechos Humanos (la sociedad de las personas) debe ser la institución en la que nadie resulta abandonado; debemos luchar por nuestro mundo porque es imposible la felicidad en un mundo donde el asesinato y la tortura son algo cotidiano; debemos luchar con egoísmo porque nuestra seguridad, nuestra libertad, nuestra integridad física/psicológica... pueden ser las siguientes pisoteadas, destruidas si la impunidad sigue reinando, si los violadores de los Derechos Humanos continúan sabiendo que sus horribles actos jamás serán castigados; debemos luchar por nuestra vida porque los Derechos Humanos son de la vida y de la gente, porque es mi Vida, mi Dignidad la que queda humillada, ofendida, arruinada, cuando se violan los Derechos Humanos; debemos luchar, al fin y al cabo, por nosotros mismos, porque nos hacemos humanos los unos a los otros.
Por todo esto son importantes los Derechos Humanos para ti, para mí, para todos. Por todo esto, querido lector, en el fundamental tema de la protección, la promoción, el respeto de los Derechos Humanos no debes pensar en la O.N.U., en los Tribunales para la Ex-Yugoslavia, para Ruanda; no pienses en el Tribunal de Estrasburgo, ni en los jueces, ni en los políticos, ni en la futura Corte Penal Internacional... En el tema de los Derechos humanos no te preguntes por quién doblan las campanas, porque SIEMPRE, SIEMPRE, DOBLAN POR TI.
(NOTA: Debo agradecer a Rafael Gimeno su colaboración y paciencia, sin las cuales este artículo no hubiera sido posible).
26. febrero 2001 @ 00:00 ·
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